Fundación e historia de la Asociación Internacional de Hispanistas

Asociación Internacional de Hispanistas:
Fundación e Historia 1961-1986 (*)
por
Frank Pierce, Sheffield University

El autor de este artículo se siente muy honrado de haber sido invitado a escribirlo por la Junta Directiva de la AIH, ya que fue presidente del Comité Organizador del Primer Congreso, y desde entonces ha observado con gran interés la marcha y el desarrollo de nuestra Asociación. Además, el autor hace votos para que lo que sigue en estas páginas ofrezca un fiel reflejo de las actividades de la AIH durante sus primeros 25 años de vida. También quiere hacer constar sus sinceras gracias a los bibliotecarios de la Taylor Institution de Oxford, donde se encuentran los archivos de la Asociación y donde él recibió toda las facilidades necesarias para su consulta. Además el autor expresa sus sinceras gracias al secretario general de la AIH, Gustav Siebenmann, por haber revisado el texto que sigue.

I

La propuesta de crear una asociación internacional se discutió por primera vez en 1957 en el Comité de la Asociación de Hispanistas de Gran Bretaña e Irlanda (AHGBI), y fue presentada por el Dr. S. C. Aston, de la Universidad de Cambridge, entonces Secretario General de la Federación Internacional de Lenguas y Literaturas Modernas (FILLM). Entre otras cosas indicó el Dr. Aston que el español era la única lengua importante que no tenía representación en esta organización afiliada a la UNESCO, y que solamente una asociación internacional podría hacerse miembro de la FILLM. La propuesta fue aprobada por el Comité de la AHGBI y a su vez por la Asamblea General de la misma asociación en su congreso anual de 1958, cuando también se acordó hacer los preparativos para convocar, en 1961, un congreso internacional, durante el cual se crearía una asociación internacional de hispanistas. Puesto que la AHGBI (fundada en 1955) era, en aquel entonces, la única asociación nacional de hispanistas, resultaba ser la única entidad capaz de tomar la iniciativa de fundar una asociación internacional. (De paso debe decirse que se había averiguado que la anterior Asociación Internacional del Hispanismo ya no tenía vida activa (1), que a raíz de celebrarse el primer congreso internacional se fundó, en 1962, una asociación nacional de hispanistas franceses, seguida luego por semejantes asociaciones en Italia, Alemania, Suiza, Canadá y otras naciones, y que al mismo tiempo la AIH estableció relaciones con la Modeffl Language Association norteamericana).

En seguida el presidente de la AHGBI, el profesor A. A. Parker, envió una carta circular a diferentes hispanistas en cinco países europeos y en los Estados Unidos y Canadá, haciéndoles tres preguntas: si se debía fundar una AIH (que se afiliaría a la FILLM), si debía celebrarse el primer congreso en Inglaterra, y si ellos creían que sus colegas asistirían a dicho congreso y apoyarían la nueva asociación. Las respuestas fueron todas muy favorables, y por consiguiente la AHGBI recomendó que el primer congreso internacional se celebrase en Oxford pero que, por razones administrativas, se aplazase hasta 1962. También se esperaba que, mientras se solicitaba el ingreso a la FILLM, se consiguiese por medio de la entidad matriz de ésta, a saber, el Consejo Internacional de Filosofía y Ciencias Humanas (CIPSH), una subvención de la UNESCO destinada a facilitar el viaje de hispanistas de países lejanos, y otra subvención para la publicación de las Actas del primer congreso. (En efecto la AIH, en sus congresos sucesivos, ha podido contar con ciertas subvenciones de la UNESCO así como de otras instituciones y fundaciones en Europa y Norteamérica). Sin embargo, los gastos corrientes del primer congreso se cubrieron con una inscripción pagada por cada congresista. Finalmente se acordó nombrar al Dr. C. A. Jones (de Oxford) secretario de un comité especial preparativo del congreso. Una vez aprobadas estas medidas en el congreso de la AHGBI de 1959, se pasó a constituir otro comité organizador bajo la presidencia del profesor F. Pierce, con sede en su Universidad de Sheffield, que se encargaría de los preparativos administrativos del congreso de Oxford. Más tarde el Dr. N. Glendinning (de Oxford) se hizo miembro de este comité como tesorero del congreso. También se resolvió que el Dr. Jones y el profesor Pierce debían hacer informes al Comité de la AHGBI sobre el progreso de los preparativos.

El nuevo Comité Organizador no tardó en ponerse en contacto con universidades y academias en todos los países en que, según previas investigaciones, se sabía que existían estudios hispánicos. (Esta búsqueda de centros de hispanismo continuó después del congreso de Oxford). Desde luego se puso especial empeño en hacer llegar información acerca del congreso internacional a América Latina, a Europa Oriental, Asia, Filipinas y Australia, y con este fin el Comité se aprovechó de la ayuda de muchas embajadas en Londres así como de la amplia información hallada en manuales como The World of Learning, norteamericano. Pudo verse el éxito de tales esfuerzos preliminares en la gran variedad de congresistas que llegaron a Oxford desde los siguientes países: Argentina, Cuba, Chile, México y Venezuela, el Japón, las Antillas y Nueva Zelandia, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría y Rumania, y, desde luego, de todos los países de Europa Occidental, incluso de Escandinavia. En total asistieron al congreso de Oxford delegados de unos 27 países. También quedó honrado el congreso con la presencia de Ramón Menéndez Pidal, Salvador de Madariaga, Marcel Bataillon, Dámaso Alonso, Harri Meier y J. A. Van Praag, para nombrar a unos de los hispanistas más prestigiosos. Aunque Antonio Rodríguez-Moñino y Américo Castro decidieron no hacerse miembros de nuestra nueva Asociación, ésta quiso rendir tributo a la gran labor de los dos científicos, en una carta enviada por la Junta Directiva al Dr. Castro, y con la asistencia de algunos socios de la AIH al homenaje conmemorativo al Dr. Moñino celebrado en Calzadilla, después del congreso de Salamanca, en 1971.

A fin de darle un fundamento básico a la nueva Asociación, hacia el final del congreso de Oxford se celebró una Asamblea General en que los miembros del Comité Organizador, ahora transformado en una mesa con el profesor E. M. Wilson. como presidente, sometieron a los congresistas propuestas para la solicitud de ingreso a la FILLM y un esbozo de los estatutos de la nueva AIH, así como las candidaturas para la primera Junta Directiva. Aunque esta intervención directa del Comité Organizador causó ciertas protestas por la inevitable falta de consulta de los congresistas, las propuestas fueron aceptadas por la Asamblea General, ya que los delegados se dieron cuenta de que el congreso de Oxford era en efecto una asamblea constituyente de la AIH y que, antes de que se pusiese fin al congreso, urgía hacer las gestiones necesarias para crear nuestra Asociación. (Aquí puede decirse de paso que en 1963 nuestra solicitud de ingreso a la FILLM fue aprobada por esta entidad y por la UNESCO).

También forma parte de la historia de la fundación de la AIH una propuesta de parte del gobierno español de entonces, a saber que la sede permanente de la nueva Asociación debía ser Madrid, y el emisario del gobierno español, el Dr. Javier Conde, catedrático y embajador, en efecto asistió al congreso de Oxford. Para atender a esta propuesta de la debida manera, el Comité Organizador convocó una reunión especial en que sus miembros la discutieron con el Dr. Conde: el profesor Wilson y sus colegas británicos agradecieron la atención con que las autoridades españolas habían tratado los esfuerzos de la AHGBI para crear una AIH; al mismo tiempo le declararon que la propuesta que él traía de Madrid iba en contra de las aspiraciones y propuestas del Comité Organizador y de la AHGB1, que habían convocado el congreso de Oxford con miras a la afiliación de la nueva Asociación a la FILLM y la UNESCO, las cuales exigen que todos sus afiliados tengan carácter internacional y no nacional. Además, se sabía que los hispanistas que iban a crear la AIH no querían de ningún modo ser socios de una asociación bajo el control de Madrid, lo que en efecto hubiera sido el caso de haberse aceptado la propuesta del Dr. Conde. A continuación se comunicó esta divergencia de pareceres a la Asamblea General de Oxford. Desgraciadamente la propuesta española tuvo como consecuencia el aplazamiento de una decisión favorable a que se celebrara un congreso en España, cosa que no ocurrió sino en 197 1, cuando, desde Salamanca, la AIH recibió una garantía de que no habría ninguna intervención por parte del gobierno español; y efectivamente fue nombrado un comité local de Salamanca, presidido por los profesores R. Lapesa y F. Lázaro Carreter y con el apoyo del rector de la Universidad de Salamanca. En Oxford se sabía que el que iba a ser nuestro primer presidente de honor, don Ramón Menéndez Pidal, había desaprobado la propuesta de Madrid, y corría el rumor de que él había dicho que se debían dejar los preparativos de la nueva Asociación a los colegas de la AHGBI, porque "ellos saben hacerlo bien". (Muchos recordarán que en aquel entonces, allá por los años 1960, España pasaba por un período de gran tensión política, por lo cual miembros del claustro universitario, entre otros, sufrían persecución, de lo que protestó la Junta Directiva de la AIH, en el II congreso, en Nimega (1965), cuando cinco catedráticos fueron despedidos por el gobierno. Esta protesta, sin embargo, fue dirigida al embajador español en Holanda por gran número de socios individuales de la AIH que la firmaron, ya que se pensaba que la Asociación en sí no debía inmiscuirse en asuntos políticos. Se adoptó la misma forma de protesta en 1980, en Venecia, por la persecución política de universitarios bolivianos).

II

Dentro de las finalidades definidas en el artículo 2 de los estatutos cabe destacar lo que es el acontecimiento máximo en el marco de las actividades de la Asociación: me refiero evidentemente a los congresos. Ante la envergadura de un convenio internacional, pero teniendo en cuenta también el tiempo necesario para la publicación de las actas respectivas, pensando además muy filosóficamente en que el progreso manifiesto en nuestras Ciencias Humanas se aprecia mejor a cierta distancia, los fundadores de la AIH acertaron al establecer el ritmo trienal para nuestras reuniones científicas.

Desde sus comienzos la AIH ha confiado a la Junta Directiva la responsabilidad de hacer la elección definitiva de la sede de los congresos. La asistencia al primer congreso demostró muy claramente, por si hacía falta aclararlo, que nuestro hispanismo era verdaderamente internacional, puesto que, como ya se ha señalado, a Oxford vinieron delegados de todo el mundo. Tanto la expansión geográfica de los antiguos dominios coloniales como las cualidades intrínsecas de las culturas peninsulares, le confirieron al hispanismo su alcance y su variedad intercontinental, y este aspecto fascinador de nuestro campo de estudios lo pueden saborear los socios de la A111 hojeando las listas de miembros distribuidas periódicamente. Así desde el principio la Junta Directiva estaba autorizada a examinar las diferentes ofertas o sugerencias (que nunca han escaseado) para finalmente elegir la sede del próximo congreso. También siempre ha sido política firme de la AIH mantener el equilibrio entre el Viejo y el Nuevo Mundo. Puesto que el primer congreso se reunió en Inglaterra consecuencia lógica de la iniciativa tomada por la AHGBI de crear una asociación internacional se decidió celebrar el segundo (1965) en el continente de Europa, y por fin, después de ponderar las peticiones de Arnsterdam, Utrecht y otros centros de hispanismo, la elección cayó en Nimega, y el profesor J. Terlingen consintió en hacerse presidente del comité organizador local. El congreso holandés, por decirlo así, tuvo gran éxito, y al terminarse reinaba la convicción de que el prestigio y el renombre de la AIH iban consolidándose. Luego se pensó en varias posibles sedes del Nuevo Mundo, siendo México la sede elegida. Este tercer congreso (1968) tuvo su claro éxito que igualmente contribuyó de una manera positiva a la creciente reputación de la AIH. Entonces fue tomada la decisión de volver a Europa para el cuarto congreso (1971), el cual se celebró, como ya se dijo, en Salamanca, la antigua ciudad universitaria española; y Salamanca también añadió su cuota al prestigio científico de nuestra Asociación. Para el quinto congreso (1974) fue aceptada la oferta de Burdeos, en reconocimiento de su reputación establecida como un importante centro de hispanismo, y como una ciudad con contactos seculares con España y los españoles, y, desde luego, como tributo al hispanismo francés. Entonces la Junta Directiva decidió hacer la travesía al Nuevo Mundo otra vez y se celebró el sexto congreso (1977) en uno de los más conocidos centros de hispanismo en un continente donde el español ocupa el segundo lugar después del inglés en el plan de estudios, es decir, la Universidad de Toronto, donde se dio la feliz casualidad de que nuestro congreso coincidió con su 150 aniversario. Con sus quince años de existencia la AIH funcionaba muy bien como organización y registraba un creciente número de socios. Para volver a Europa se eligió Venecia como sede del séptimo congreso (1980), para así rendir homenaje al hispanismo italiano. Para el último congreso hasta la fecha (1983) se pasó otra vez al Nuevo Mundo, al más pequeño de los Estados Unidos, Rhode Island, y a una de sus más antiguas universidades, donde el hispanismo goza de larga tradición: Brown, en la ciudad de Providence, cuyo nombre, como el de muchas en las dos Américas, recuerda la fe religiosa de sus fundadores, en este caso la de los puritanos ingleses. Por último se ha aceptado como sede para el que será el noveno congreso (1986) la interesante ciudad de Berlín (Occidental), elección que de nuevo refleja la identificación de la AIH con otra área nacional del hispanismo, esta vez el alemán.

Puede apreciarse el éxito con que venía fortaleciéndose la AIH por la adhesión de sus socios de diferentes regiones del mundo. Echemos un vistazo a las cifras de los que han asistido a los congresos sucesivos (dejando de lado a los acompañantes): cada uno de los dos primeros congresos atrajo a unos 200 congresistas, a Oxford y Nimega, respectivamente, total que se repitió en México pero que se duplicó en Salamanca y Burdeos y se mantuvo en Toronto, aunque se interrumpió en Venecia, donde se alcanzó la cifra de más de 600 asistentes; sin embargo, en Providence se volvió al que podría ser ya el total normal de unos 400. (Debe tenerse en cuenta que en aquel año de 1983 el tipo de cambio poco favorable del dólar norteamericano pudo haber disuadido sobre todo a socios europeos de asistir). Aquí también será de interés indicar que el contingente mayor de los que asisten a nuestros congresos siempre ha sido el de los Estados Unidos, otra manifestación de la predominancia de los estudios hispánicos en la mayor nación del mundo occidental. Actualmente, a comienzos de 1986, los socios inscritos en la AIH han alcanzado el total de 955, distribuidos entre 41 países. La fuerza con que se ha establecido nuestra Asociación también puede juzgarse por el número de ponencias pronunciadas en los diferentes congresos. De esto se hablará más abajo.

Los socios se habrán dado cuenta del enorme trabajo administrativo invertido en la organización de cada congreso. Todo esto empieza con la correspondencia relacionada con la elección de la sede. Luego el comité local colabora con la Junta Directiva para preparar las circulares, designar a los conferenciantes de las plenarias, estructurar el congreso, solicitar la ayuda financiera. Al mismo tiempo, el secretario general y el tesorero ponen al día y distribuyen la lista de socios y controlan el pago de la cuota trienal, puesto que, como rigen los estatutos, solamente los que han pagado su cuota pueden asistir activamente al congreso, es decir, participar en las Asambleas Generales de la AIH y presentar una ponencia. Además, siempre según los estatutos, la comunicación a los socios de la próxima sede y la convocatoria de candidaturas para las elecciones deben hacerse con la debida anticipación. (Los estatutos se discutirán en el apartado que sigue). No puede caber duda de que la AIH debe muchísimo a los que fueron y son sus secretarios generales, Elias L. Rivers y Gustav Siebenmann, y a sus tesoreros, Nigel Glendinning, José Amor y Vázquez y Ludwig Schrader, quienes han soportado y siguen soportando una pesada carga administrativa. Al mismo tiempo uno debe rendir tributo a los presidentes sucesivos que han ayudado a coordinar toda esta labor y a cuidar del nivel académico de la Asociación. La misma lista de presidentes en sí ejemplifica el prestigio y el apoyo adquiridos por la AIH a medida que ha pasado de un congreso a otro (se sabe que cada presidente desempeña su cargo durante tres años, es decir desde un congreso a otro): Dámaso Alonso, Marcel Bataillon, Angel Rosenblat, Edward M. Wilson, Rafael Lapesa, Ana María Barrenechea, Juan López-Morillas y Franco Meregalli, todos ellos distinguidos hispanistas y representantes de la extensa geografía de nuestra disciplina. Se comprenderá que nuestro primer ilustre presidente de honor, elegido por aclamación, Ramón Menéndez Pidal, ya tenía, en 1962, una edad demasiado avanzada para asumir la tarea de la presidencia de la AIH en sus primeros años. La Asociación creó la feliz práctica de nombrar como presidente de honor a sus presidentes sucesivos, según iban dimitiendo de su cargo. También se eligen cada vez vicepresidentes, entre los cuales han figurado siempre destacados científicos. Además, en la elección de los ocho vocales, como de la Junta Directiva en general, siempre se ha intentado representar con justicia el hispanismo de Europa y el de las Américas. Fatalmente, con el transcurso del tiempo, hemos perdido por la muerte a varios socios de la AIH, y entre ellos se cuentan el primer presidente de honor, Menéndez Pidal, los presidentes Bataillon, Wilson y Rosenblat, los vicepresidentes Terlingen, Salomon y Frida Weber, y los vocales Clavería y C. A. Jones. Todas éstas y otras defunciones se han comunicado debidamente a los congresos correspondientes.

III

Los primeros estatutos de la AIH fueron redactados por el Comité Organizador de la AHGBI, que también tenía su propia constitución, y lo hizo de acuerdo con las estipulaciones de afiliación a la FILLM. Una vez aprobados por el congreso de Oxford, estos estatutos han resistido el paso de casi 25 años de vida de la Asociación, y, a pesar de los cambios introducidos en diferentes congresos, grato es decir que el fuero de la AIH, por llamarlo así, no se ha modificado en su esencia. Así puede decirse que los fundadores tuvieron su previsión y que desde entonces los socios han demostrado un buen sentido de solidaridad observando y acatando las reglas básicas de su Asociación. Dicho de otra manera, la AIH se ha desarrollado como una entidad verdaderamente representativa y responsable ante sus miembros. Los estatutos constituyen la base legal y administrativa de nuestra Asociación. Reza así la versión actual, puesta al día en 1983.

  1. La Asociación se denominará Asociación Internacional de Hispanistas.
  2. La finalidad de la Asociación será fomentar los estudios hispánicos en todos los países; organizar congresos en los que los miembros podrán presentar comunicaciones, estudiar asuntos de interés común referentes a las lenguas y las literaturas peninsulares e iberoamericanas, y los aspectos culturales relacionados con ellas; publicar actas de dichos congresos; y también colaborar con instituciones internacionales de carácter cultural, como la UNESCO.
  3. La Asociación estará constituida por las siguientes categorías: catedráticos y profesores universitarios, investigadores conocidos y otros críticos y estudiosos elegidos por la Junta Directiva o por la Asamblea General. El secretario general mandará al interesado en adherirse una solicitud de inscripción. Entre el 10 de enero del año en que se celebra un congreso y la fecha de clausura del mismo, sólo se aceptarán inscripciones de nuevos socios valederas para el trienio siguiente. Los hispanistas que no sean miembros podrán inscribirse al congreso en calidad de oyentes.
  4. La Asociación será dirigida por una junta compuesta de los siguientes miembros: un presidente, cuatro vicepresidentes, un secretario general, un tesorero y ocho vocales. Una junta de siete constituirá un quórum. Todos los miembros serán elegidos por la Asamblea General y seguirán actuando hasta que se celebre la siguiente. El presidente no podrá ser reelegido; los vicepresidentes, el secretario general y el tesorero podrán serlo por una sola vez. Los vocales se renovarán por mitades. El secretario general solicitará de cada miembro, por escrito, nombres de candidatos para la Junta Directiva por lo menos seis meses antes de la elección. Dos interventores encargados de revisar las cuentas serán nombrados por la Junta Directiva a comienzos de cada congreso, de entre los congresistas presentes.
  5. La Asociación podrá elegir uno o más presidentes de honor.
  6. La cuota trienal de cada miembro ha de pagarse entre el comienzo de un congreso y el fin del año que antecede al congreso siguiente. Se eliminarán de la lista los nombres de los miembros que no la hayan pagado dentro de este plazo.
  7. Cada tres años se celebrará un congreso, durante el cual se reunirá la Asamblea General, que se ocupará de los asuntos siguientes: elegir la Junta Directiva, fijar la cuota trienal, conocer los informes del secretario general y del tesorero y resolver otros asuntos relacionados con las diversas actividades de la Asociación.
  8. La lengua oficial del congreso será el español.
  9. La sede de cada congreso subsiguiente será fijada por la Junta Directiva, por lo menos con dos años de anticipación, y comunicada inmediatamente a todos los miembros de la Asociación; al mismo tiempo se nombrará a un subsecretario, residente en el país donde se está celebrando el congreso, que se encargue de la publicación de las actas.
  10. Los estatutos de la Asociación no serán susceptibles de modificación sino mediante una propuesta aprobada por la mayoría de los miembros reunidos en Asamblea General. Tales propuestas deben presentarse al secretario general con seis meses de antelación.
  11. La Asociación sólo podrá ser disuelta a propuesta de cualquier miembro, presentada al secretario general por lo menos seis meses antes de dicha Asamblea, y aprobada por las dos terceras partes de la Asamblea. En caso de disolverse la Asociación, la Asamblea General nombrará a uno o más comisarios para proceder a la liquidación.
  12. La interpretación de estos estatutos se encomienda a la Junta Directiva.

Todos los cambios aprobados por las diferentes Asambleas Generales se hicieron a fin de dar mayor claridad a los estatutos y asegurar su mayor fidelidad al espíritu de los mismos. (Por razones evidentes, los artículos 1, 2, 5, 7, 10, 11 y 12 se han mantenido intactos, y de éstos los 1, 2 y 7 son las piedras angulares de la AIH). Se dan a conocer, a continuación, los artículos que han sufrido modificación más los cambios practicados, con el año de su aplicación:

Artículo 3: fue modificado en 1974 (Burdeos), cuando se acordó que la solicitud de nuevos socios debía estar respaldada por cartas de dos asociados. Sin embargo en 1977 (Toronto) se abandonó este requisito y se adoptó una cláusula más amplia, según la cual el secretario general envía una solicitud de inscripción a los que quieren hacerse miembros, mientras que los que no son miembros pueden asistir a un congreso como oyentes. Al mismo tiempo se decidió que nuevas inscripciones no pueden ser aceptada! durante el año en que se celebra un congreso. Más tarde, en 1983 (Providence) el reglamento que se refiere a la admisión de nuevos socios se cambió a la lectura actual. Así, este artículo 3 mantiene vivo el principio que dicta que solamente los socios que han pagado la cuota pueden disfrutar de todos los derechos de socios en un congreso; también especifica cómo hacerse miembro de la AIH y en qué forma los que no son socios pueden asistir a un congreso. Por fin el artículo 3 armoniza completamente con el artículo 6, el cual también fue modificado en los primeros años de la Asociación.

Artículo 4: contiene gran parte de lo que puede llamarse la doctrina electoral de la AIH. Todavía en 1965 (Nimega) se practicó una modificación cuando se aumentó el número de vicepresidentes de 2 a 4 y el de vocales de 6 a 8 para permitir una mayor representación por regiones. Luego, en 1977 (Toronto) otro cambio importante imponía que el secretario general solicitara de cada miembro por escrito nombres de candidatos para la Junta Directiva, por lo menos seis meses antes de la elección. Este último cambio fue hecho a petición de la Société des Hispanistes Francais que no creía lo suficientemente democrática la práctica de la Junta Directiva que había venido nombrando a los candidatos ante la Asamblea General sin la previa consulta de todos los socios. Además, en 1983 (Providence) se acordó limitar la tenencia de cargos de secretario general y tesorero a una reelección, mientras que hasta entonces los titulares de estos cargos podían ser reelegidos sin limitación. En efecto, en 1980 (Venecia) ya habían sido elegidos un nuevo secretario general y un nuevo tesorero. Finalmente, en Providence se añadió la última frase a este artículo.

Aunque no aparecen textualmente en el artículo 4, en Providence se adoptaron dos nuevas prácticas relacionadas con las elecciones para la Junta Directiva: primero, se acordó celebrar dos turnos electivos, con una lista electoral completa y otra ya seleccionada, respectivamente; y segundo, se acordó elegir al presidente antes de la elección de los otros miembros de la Junta Directiva, para dejar así bastante tiempo a los interventores en el recuento de votos. Después de terminado el congreso de Providence, y en una reunión de la Junta Directiva celebrada en Madrid en noviembre de 1983, se acordó utilizar esta nueva práctica electoral en el IX Congreso de 1986, en Berlín. En justificación de esta medida, la Junta Directiva se basa en los artículos 4, 5, 7 y 12, que se refieren expresamente al deber impuesto a la Junta de encargarse de las elecciones y de interpretar los estatutos; también se basa en la aprobación por la Asamblea General en Providence del uso de estos nuevos métodos electorales. El sistema formalizado para el congreso de Berlín obrará de la siguiente forma: la Junta Directiva ha nombrado (por primera vez) un Comité de Selección de Candidatos (CSC) para juzgar y validar los nombramientos recibidos de los socios de la AIH, y, si es preciso, añadir otros nombramientos para preservar una justicia distributiva; luego la primera de las Asambleas hará la votación por la lista larga y también elegirá la Mesa Electoral que a su vez evaluará los resultados de esta primera votación; a continuación el CSC se encargará de presentar, previo acuerdo de la Junta Directiva, una segunda lista más corta y equilibrada, que los congresistas votarán en la segunda Asamblea General, eligiendo primero al presidente y luego a los otros miembros de la Junta Directiva. Para poner remate a todo este procedimiento, el presidente de la Mesa Electoral dará conocimiento del resultado final de las elecciones ante la Asamblea General. Uno debe insistir otra vez en que la justificación de lo que puede parecer un sistema complejo y quizás incómodo de celebrar elecciones estriba en una de las finalidades fundamentales de nuestra Asociación, es decir la de la representatividad de sus oficiales que debe responder a la extensión geográfica del hispanismo. Los que vivimos bajo regímenes democráticos sabemos muy bien que la consultación por medio de elecciones puede sufrir de la inercia y el olvido periódico de los reglamentos en cuestión. Así, como también se ha dicho con frecuencia, a veces la democracia necesita cierta ayuda para su funcionamiento.

Artículo 6: trata del asunto tan importante que son los fondos de la AIH. Al principio la cuota se pagaba anualmente, pero en 1971 (Salamanca) se acordó hacer del pago de la cuota una obligación trienal que se había de cumplir entre el mes de enero que seguía a un congreso y el mes de enero que antecedía al congreso siguiente. Sin embargo y con el transcurso del tiempo la Asociación tuvo que imponer una sanción, ya que en el congreso de Toronto (1977) resultó que muchos socios no habían pagado la cuota, y se decidió que los nombres de éstos serían eliminados del directorio de los miembros. Más tarde, en 1983 (Providence) y a petición de varios socios, se modificó el artículo otra vez, permitiendo a los miembros pagar la cuota entre el comienzo de un congreso y el fin del año que antecede al congreso siguiente. Artículo 7 ha sufrido solamente la pequeña pero necesaria modificación que se refiere al cambio de la cuota anual por la trienal. Los cambios apuntados bajo el artículo 4, del año 1977, implícitamente se aplican al artículo 7.

Artículo 9: también ha sufrido un cambio mínimo, en su caso para acomodar la decisión de 1977 (Toronto) que hacía al subsecretario responsable de la publicación de las actas. (El cargo de subsecretario existía ya en la AIH desde 1965).

Ya se puede ver que fue en 1977 (Toronto) cuando se hicieron las más importantes modificaciones a nuestros estatutos, y que esta revisión tuvo por efecto el sistema adoptado en Providence en 1983, más formalizado y más riguroso.

IV

Todo lo dicho arriba acerca de las actividades y decisiones de la AIH tiene su justificación y su finalidad en aquellos actos estrictamente académicos que constituyen el núcleo de todos nuestros congresos, es decir, en las sesiones de ponencias de los socios que comparten entre sí los resultados de sus investigaciones. Desde el principio se ha tomado gran cuidado en la preparación de este aspecto de los asuntos de la AIH Basándose en la experiencia de la AHGBI, el Comité Organizador del primer congreso dividió los cuatro días y medio del congreso de la manera siguiente (es decir, dejando fuera el tiempo dedicado a la Asamblea General y a las actividades sociales): había tres secciones (a veces cuatro) concurrentes por la mañana y por la tarde en que se daban comunicaciones de 30 minutos de duración cada una más 15 para la discusión, y por la mañana también se celebró una serie de 10 plenarias de una hora de duración cada una. Los temas tratados en ambos tipos de ponencia se distribuían entre la literatura y la lengua de España y la América Hispana. Se han mantenido estos rasgos característicos en todos los congresos sucesivos, aunque ha variado el número de comunicaciones y plenarias de un congreso a otro, reflejando así el total de congresistas y el número de ponencias ofrecidas por los socios. Desde luego, siempre ha habido ciertas dificultades en el control de un programa tan extenso por parte de los organizadores y sobre todo los presidentes de sección, ya que éstos tienen la responsabilidad de asegurar que el conferenciante llegue a tiempo y que no sobrepase el límite de tiempo acordado, y de dirigir la discusión sobre la ponencia. Naturalmente, todo depende de la cooperación ofrecida por los congresistas para que puedan desarrollarse bien estas importantes actividades, intrínsecas de todos los congresos científicos.

Allá en los primeros años 60, cuando se creó nuestra Asociación, todavía se daba clara preferencia al siglo de oro y a la edad moderna (es decir, desde 1700 hasta nuestros días) de la cultura española, en cuanto a temas de investigación de los hispanistas. Así, en el congreso de Oxford estos dos períodos juntos comprendían la mitad de las 64 ponencias (de ambos tipos), aunque las dedicadas al siglo de oro echaban un total de dos veces mayor que aquéllas sobre la edad moderna, mientras que las ponencias dedicadas a los estudios latinoamericanos todavía tenían que rivalizar con aquéllas sobre la edad media o la lingüística general. Se repitió esta división de intereses científicos en Nimega (con un total de 92 ponencias), en cuyo programa el siglo de oro y la edad moderna española contaban con la mitad del total, aunque en este caso las que versaban sobre la edad moderna alcanzaban casi la misma cifra que las que lo hacían sobre el siglo de oro, mientras que cada uno de los otros campos de investigación mencionados arriba atraía una atención menor. No será motivo de sorpresa decir que en 1968, en México, (con un total de 122) la situación cambió dramáticamente: las ponencias sobre temas latinoamericanos formaban la mitad de todas, mientras que aquéllas sobre la edad moderna española pasaron al segundo lugar (con casi una quinta parte del total), y las que trataban el siglo de oro, la lingüística y la edad media ocupaban el tercero, cuarto y quinto lugar respectivamente. En Salamanca (con un total de 158 ponencias), sin embargo, cambió otra vez la división de temas preferenciales: aquí las ponencias sobre la edad moderna española sumaban poco más de la tercera parte del total global, mientras que aquéllas sobre el siglo de oro y sobre la América Hispana empataban con casi una cuarta parte, y luego venían las otras sobre lingüística y sobre la edad media respectivamente. En Burdeos (con un total de 83 ponencias publicadas, aunque con un total de 170 según el informe del secretario local) se produjo otro cambio: aquí se dio un empate entre el siglo de oro y la edad moderna con una tercera parte cada uno, mientras que los temas latinoamericanos contaban con sólo una séptima parte y las ponencias sobre la edad media y la lingüística con cifras todavía más pequeñas. El congreso de Toronto atrajo el mayor número de ponencias (un poco más de 260): aquí el siglo de oro mereció un total de 92, la edad moderna 57, América Hispana 48, edad media 28 y lingüística 11. En Venecia (con un total de 220 ponencias pronunciadas pero sólo 109 publicadas en las Actas), las que versaban sobre el siglo de oro llegaban a la tercera parte, sobre la edad moderna a una cuarta parte, sobre América Hispana a una sexta parte, mientras que la lingüística y la edad media seguían quedando atrás. En todos los volúmenes de Actas, de donde se han sacado estas cifras, también hay varias ponencias sobre temas generales, literarios, lingüísticos, históricos y sociológicos, y, en ciertos volúmenes, unas cuantas sobre temas catalanes, vascos y gallegos. También se da el caso de que algunos volúmenes contienen al final los títulos de ponencias que se han publicado fuera de las Actas. Además hay que advertir que varias ponencias se han traslapado en cuanto al campo o a la época, sobre todo las que tratan de literatura y lingüística, o de literatura e historia, o las que se refieren a España e Hispanoamérica.

De lo antedicho se puede ver que los socios que asisten a nuestros congresos (y de ningún modo asisten todos los miembros), por las ponencias que ofrecen, reflejan en sus investigaciones las principales preferencias del hispanismo en general. No se han registrado muchos cambios de preferencia intelectual, excepto en el campo latinoamericano, donde se ha producido el crecimiento consabido. Aquí siguen llamando la atención los personajes que se destacaron ya durante casi medio siglo, es decir Borges, Carpentier, Cortázar, Fuentes, García Márquez, Neruda y Vargas Llosa. Tampoco se ha interrumpido la investigación sobre los mayores clásicos del siglo de oro, Garcilaso, Cervantes, Góngora, Quevedo, Lope y Calderón, reflejando, por ejemplo, estos dos últimos la tradición establecida de estudios sobre la comedia en Gran Bretaña, Alemania y Estados Unidos. En cuanto a la llamada edad moderna española, se ha dado preferencia a Galdós, Unamuno, Ortega, Baroja y Lorca, mientras que el siglo XVIII (durante mucho tiempo campo predilecto del hispanismo francés) todavía tiene sus devotos. Hasta la fecha las Actas revelan un interés algo limitado hacia los estudios medievales o la lingüística, aunque es verdad que se abre nuevo terreno sobre la Celestina, las crónicas y la poesía medievales, y que se han presentado unas ponencias sobre la nueva lingüística, y sobre la teoría literaria. Aunque, como se ha dicho, no todos los socios suelen asistir a los congresos u ofrecer ponencias, y tampoco son miembros de la AIH todos los hispanistas profesionales, sin embargo no es arriesgado hacer el cálculo que las actividades intelectuales de la Asociación representadas en los volúmenes de las Actas son un reflejo bastante fiel de la historia, el crecimiento y el énfasis científico del hispanismo durante el último cuarto de siglo.

V

Indudablemente el éxito del congreso de Oxford debió mucho al ambiente tan atractivo de esta antigua universidad y su ciudad, así como al gran número de instituciones representadas por los congresistas. Estos con sus acompañantes formaron un total de 300 personas. Para amenizar la estancia en Oxford se organizaron excursiones para los acompañantes a los alrededores de la ciudad, mientras que se ofreció a todos los asistentes un banquete de despedida celebrado en Christ Church. Otro acto cultural de especial interés, organizado por el profesor P. Russell (de Oxford), fue la exposición de libros y manuscritos hispánicos pertenecientes a la Biblioteca Bodleiana y a otras bibliotecas de Oxford, y finalmente el alcalde de Oxford invitó a un vino de honor en el mismo Ayuntamiento. Semejantes actividades adicionales iban a repetirse en los congresos consecutivos y servían cada vez para avivar el espíritu de compañerismo y amistad que ya se había manifestado en las reuniones puramente académicas de los congresos. Permítaseme un rápido recuerdo de la parte social de nuestros congresos. Durante el de Nimega todos los congresistas y sus acompañantes fueron agasajados en el antiguo Ayuntamiento y en un castillo medieval de la vecindad; en México se organizaron excursiones a varios sitios antiguos, hubo una recepción en el Colegio de México y representaciones del famoso Ballet Folclórico y de la Gatomaquia de Lope de Vega; en Salamanca fuimos invitados a una recepción y una cena en las Escuelas y a una representación estudiantil de Romance de Lobos de Valle-Inclán; en Burdeos el alcalde nos ofreció un vino de honor, mientras que tras un viaje río abajo los congresistas y acompañantes visitaron la famosa región vinícola hasta St. Julien, con un almuerzo y un recorrido de las bodegas de St. Emilion, y el congreso se cerró con una magnífica cena de despedida en un castillo del siglo XII; de igual manera la Universidad de Toronto agasajó a los congresistas y acompañantes con una excursión a las Cataratas del Niágara, y recepciones en la misma Universidad, en el Ayuntamiento y el Palacio del Gobernador Provincial, y una cena de despedida en que los invitados fueron recibidos por una procesión de gaiteros escoceses; el congreso de Venecia, celebrado en la Isla San Jorge, se señaló por recepciones en el Ayuntamiento y en el Colegio Español de Bolonia, y una cena de despedida en el Lido; y para no quedarse atrás en esta buena tradición de actividades sociales, en el congreso de Providence se organizaron varias recepciones, incluso una patrocinada por el cónsul español en Boston y el Instituto Nacional del Libro Español, y excursiones a Boston y la Universidad de Harvard, así como un "clambake" o comida de las grandes almejas locales, y una cena de despedida. Es también digno de mención que en México y Venecia, donde las sesiones se celebraban a bastante distancia de los hoteles y pensiones, los anfitriones ofrecieron transporte gratuito a los congresistas. El cronista se complace en poder afirmar que la AIH, en sus ocho congresos sucesivos, ha sido objeto de mucha buena voluntad por parte de las autoridades académicas y municipales de todos los centros que se le ofrecieron para sus reuniones. Añado una nota aclaratoria referente a las fechas de nuestras reuniones trienales: desde el principio se acordó celebrar los congresos durante los últimos días de agosto y los primeros de setiembre para así evitar la gran concurrencia de gente en centros de turismo y también complacer a nuestros colegas norteamericanos, cuyo año lectivo empieza en setiembre.

VI

No cabe duda que las Actas constituyen un monumento duradero a nuestros socios que crearon y han sostenido. la reputación de la A111. Al principio se encargaba la publicación al subsecretario, pero a medida que iba aumentando el número de ponencias y con el creciente trabajo correspondiente, otros miembros del comité local le prestaban ayuda, constituyéndose un comité editorial. Todos sabemos que la tarea de redactar unas Actas exige un enorme esfuerzo de parte de los editores, así como de los mismos contribuidores.

Por eso nos parece justificado que se haga mención aquí de los colegas que prestaron este fundamental servicio a la AIH. Las Actas del I Congreso fueron publicadas bajo la dirección de Frank Pierce y Cyril A. Jones (Oxford, 1964, con una reimpresión en 1969). Las del 11 Congreso fueron publicadas bajo la dirección de Jaime Sánchez Romeralo y Norbert Poulussen (Nimega, 1967). Las del III Congreso fueron publicadas bajo la dirección de Carlos H. Magis (México, 1970). Las del IV Congreso se publicaron once años después de su celebración bajo la dirección de Eugenio de Bustos Tovar (Salamanca, 1982, dos volúmenes). Antes se habían publicado ya las Actas del V Congreso bajo la dirección de Maxime Chevalier, Frangois López, Joseph Pérez, Noé1 Salomon (Burdeos, 1977, dos volúmenes). Antes de las Actas del IV Congreso se habían publicado también las del VI, bajo la dirección de Alan M. Gordon y Evelyn Rugg (Toronto, 1980). Las Actas del VII Congreso se publicaron bajo la dirección de Giuseppe Bellini (Roma, 1982, dos volúmenes). Las del VIII Congreso fueron publicadas bajo la dirección de A. David Kossoff (Madrid, 1986, dos volúmenes). Y las Actas del último Congreso, el de Berlín, se publicarán allí mismo bajo la dirección de Sebastian Neumeister.

El grupo editorial siempre se ha visto obligado a su vez a hacer una selección de las ponencias a publicar y no han tenido más remedio que rechazar algunas de ellas debido a la apremiante necesidad económica de reducir el tamaño del volumen o de los volúmenes de ciertas Actas. En los tres primeros congresos se creó la buena tradición de publicar las Actas dentro de dos años después del fin del congreso correspondiente, pero se rompió la costumbre cuando en los casos de Salamanca y Burdeos se produjeron demoras causadas por razones económicas y cambios en el comité editorial, aunque, como es bien sabido, ya han aparecido las Actas de los ocho congresos entre 1962 y 1983.

Otra vez es un deber muy grato del cronista expresar el profundo agradecimiento de la AIH por la ayuda financiera que ha venido concediendo el CIPSH (afiliado a la UNESCO), así como las subvenciones hechas por distintas entidades nacionales, para la publicación de las Actas de todos los congresos. Fácilmente se puede apreciar el valor de esta ayuda recordando los costes de este tipo de publicación de tirada limitada. Pero el mayor agradecimiento se les debe a los que se dedicaron a la edición, es decir a los varios subsecretarios y a sus colaboradores.

Aquí será conveniente referirse a otra actividad repetida de nuestros congresos, a saber las propuestas presentadas en las Asambleas Generales por los miembros y que tratan de una variedad de temas así como a su vez ilustran los intereses extensos del hispanismo internacional. Por ejemplo en los diferentes congresos de 1962, 1965 y 1971 se discutió la propuesta de emprender, como actividad afín, la preparación de un repertorio o directorio mundial de hispanistas; al principio se consideraba que el proyecto sería difícil y demasiado costoso para una asociación joven, y por fin fue aplazado con una petición de la Junta Directiva a los proponentes de crear un equipo de estudiosos que preparasen una lista periódica de trabajos de investigación. También se han hecho peticiones de apoyo a nuevas agrupaciones científicas tales como una Sociedad Fernando de Rojas (1965) o estudios galdosianos (1971), mientras que otras peticiones iban dirigidas a los directores de archivos y bibliotecas en España para que mejorasen las facilidades para hispanistas (1968); a los socios pidiéndoles que enviasen libros y artículos a los editores del Years Work in Modern Language Studies, famosa publicación bibliográfica británica (1968); y a los socios, pidiendo sus firmas para una petición (1983), en nombre de la National Hispanic Quincentennial Commission (Washington), y que rogaba el envío a la Hispanic Library of Congress de microfilins de documentos relacionados con Norteamérica, ahora depositados en archivos españoles (el proyecto se hace en honor a Archer M. Huntington). En la Asamblea General de Burdeos (1974) se aplaudió unánimemente la organización de los encuentros de investigadores y especialistas, y se propuso incluso la ampliación de tales sesiones de intercambio personal; se discutió este importante asunto más tarde (1980), cuando hubo intervenciones con respecto a la futura organización de estas sesiones. También en Burdeos (1974) se discutió otra mejora en la preparación del programa de congreso por medio de la entrega obligatoria de resúmenes de ponencias con unos seis meses de antelación para así evitar los casos de improvisación, mientras se creía que la prepublicación de estos resúmenes sería una guía útil para los congresistas (en efecto esto se hizo una sola vez, en Nimega). Se ha abordado también (1980) el uso en los congresos de otras lenguas peninsulares (por ejemplo, el catalán), y en el congreso de Providence (1983) se lamentaba la falta de temas vascos en nuestros programas. (Efectivamente hubo en nuestros congresos ponencias no sólo sobre estos temas, sino también hubo ponencias en catalán, en Venecia, y una plenaria en portugués, en Toronto). En Providence la Asamblea General se pronunció mayoritariamente en favor del artículo 8 de los estatutos, según el cual "la lengua oficial del congreso será el español", y esto sin discriminación de los otros idiomas hablados en la Península y en territorio latinoamericano. En efecto, e indudablemente a imitación o por estímulo de la AIH, en 1973 se fundó la Asociación Internacional de Lengua y Literatura Catalanas, y en 1984, la Asociación Internacional de Lusitanistas. Aunque esto significa cierta reducción en el uso del término "hispanismo" aplicado a nuestra Asociación y por consiguiente significa que ahora habrá menos necesidad de dar cabida en los programas de la AIH a ponencias en catalán o en portugués o sobre temas catalanes o portugueses, al mismo tiempo debe parecer natural que especialistas (entre ellos miembros de la AIH) en estudios sobre las otras lenguas románicas de la Península Ibérica organicen sus propias asociaciones, dado el gran crecimiento en nuestros días de la labor científica en literatura y lingüística. En la Asamblea General de Providence se presentaron otras peticiones para la ampliación del programa, por ejemplo una plenaria sobre la teoría literaria o la lingüística textual, y sesiones sobre temas sincrónicos y diacrónicos, sobre la teoría de la investigación y un encuentro sobre la metodología.

Un tema de discusiones continuas ha sido la publicación de un boletín propio de la Asociación. Ante la importancia de tantas revistas especializadas en todos los países y con la estructura que se le dio a la AIH, las propuestas siempre fueron rechazadas, sobre todo porque ninguno de los hispanistas socios de la AIH se había ofrecido para promover la edición de un boletín. Las tareas del secretario general son ya tan numerosas que ninguno de ellos pudo asumir esta importante tarea suplementaria. Transitoriamente se estableció, desde 1980, la colaboración con el "Boletín" del Instituto Miguel de Cervantes, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en Madrid. Pero la colaboración se limitó a la divulgación de noticias sobre el hispanismo internacional, sobre congresos y actas, todo incluido en el folleto que el mencionado instituto presenta cada año para dar razón de sus propias actividades. En cambio, la difusión de este boletín entre todos los socios de la AIH fue un modesto recurso para establecer lazos suplementarios al que representaban las circulares de la secretaría. Conste el agradecimiento de la AIH frente al Instituto Miguel de Cervantes por haberse ofrecido para esto (2).

VII

Después de sus casi 25 años de vida, la AIH, así puede decirse sin exageración, ha cumplido en gran parte con las intenciones de sus fundadores de Oxford. Para poner fin a esta breve historia de sus actividades, cree su autor que la mejor manera de dar un resumen de lo que hemos logrado hasta la fecha será copiar el siguiente párrafo de un documento presentado por el actual secretario general de la AIH, Gustav Siebenmann, al Consejo General del Hispanismo convocado por el Ministerio español de cultura, en Madrid, en noviembre de 1983:

“La finalidad de la Asociación Internacional de Hispanistas se define en el artículo 2 de los Estatutos y se formula en los términos siguientes (vide supra). Las varias juntas directivas consecutivas han dado una interpretación de este artículo que, a base de su perseverancia y constancia, llegó a tomar cuerpo de una ya larga tradición. Consideramos pues los estudios hispánicos como una tarea internacional, abarcando éstos por supuesto los estudios de la lengua como de la literatura y de la cultura de los países hispánicos como parte sustancialmente integrada a nuestros intereses. Estos se conciben como el intercambio entre los especialistas a nivel universitario acerca de sus investigaciones y de los grandes proyectos comunitarios de investigación. Al lado de los congresos trienales circulan, en forma de cartas, los datos referentes a bibliografía y proyectos y otros congresos. Pero es en los congresos mismos donde tratamos de asegurar un alto nivel científico con criterios internacionales, concibiéndose estos encuentros de una semana como una eficacísima bolsa de novedades científicas, de estudios metodológicos y de datos de fondo. Huelga decir que la Asociación Internacional de Hispanistas, una vez dada la condición de ser docente a nivel universitario para ser socio, hace hincapié en la erudición en los múltiples campos de las ciencias humanas centrados en el mundo hispánico. [... ] Los estudios hispánicos a nivel científico persiguen nada menos que una comprensión del mundo hispánico a través del conocimiento histórico y, a la vez, del razonado análisis crítico del presente."

Unas palabras finales. Ya queda firmemente establecida la AIH y no cabe duda alguna que, con el extenso apoyo merecido de que viene disfrutando, seguirá siendo una entidad reconocida entre los afiliados de la UNESCO. Además la AIH ahora refleja la fuerza y la madurez de nuestros estudios que ocupan un lugar bien definido en el campo mundial de actividades universitarias. Actualmente la España democrática, con sus 17 gobiernos autonómicos, y como miembro de la CEE, hace gala de esa peculiar tarea que representa su pasado cultural. Aquí el castellano juega su papel histórico como componente principal, mientras que el catalán, el euskera y el gallego gozan de sus derechos respectivos, ahora plenamente restaurados. Suponemos, y con gran probabilidad, que la AIH, fundada cuando España todavía vivía bajo un régimen culturalmente dirigido, no tendrá dificultad en adaptarse a las exigencias de la nueva situación, en que las diferentes tradiciones lingüísticas de la Península (el portugués es caso aparte) forman las partes que integran el mapa cultural del país. Igualmente puede abrigarse la esperanza de que la Asociación siga reconociendo las variadas manifestaciones eruditas de las otras regiones de España y América, en donde ya brotan con sus propias revistas y con nuevas asociaciones. Desde luego, este particularismo cultural es una característica bien conocida de la Europa de nuestros días, pero además, como se sabe, siempre ha sido un rasgo muy hispánico. Sin duda el castellano, sobre todo en su aspecto de lengua universal, mantendrá su posición como el portavoz principal de todas las comunidades peninsulares y de ultramar. Todas estas riquezas del hispanismo son y serán legítimo objeto de interés profesional de los miembros de la AIH.

Enero de 1986
Frank Pierce Universidad de Sheffield

 

NOTAS

    *.-- Pierce escribio su trabajo en 1986 como homenaje al IX Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas en el Instituto Iberoamericano del Patrimonio Cultural Prusiano Berlin, 18-23 de agosto de 1986.

    1.-- Nos constan pocos datos certeros acerca de esta anterior Asociación Internacional del Hispanismo. Parece que el Instituto de Cultura Hispánica, con su sede en Madrid, tenía la ambición de organizar a los hispanistas internacionales en dicha Asociación, cosa que por evidentes motivos políticos no fue el caso, sino muy minoritariamente. Según informaciones provenientes del hispanista inglés Aston, la FILLM no admitió como miembro colectivo a esta asociación dependiente del gobierno español, porque estaba en conflicto con los estatutos vigentes. Según nos consta, en 1959 esta Asociación Internacional del Hispanismo ya no tenía vida activa.

    2.-- El último número del Boletín informativo publicado por el Instituto Miguel de Cervantes es el que corresponde al ejercicio 1984. La cesación se debe a la reestructuración del C.S.I.C.